Si estás pensando en montar tu propio negocio, es importante que tengas en cuenta por qué lo estás haciendo, y analices las ventajas y desventajas que un emprendimiento personal implica.
En general, hay dos grandes “escuelas de pensamiento” con respecto al cuentapropismo. Una propone embarcarse en un negocio con potencial de crecimiento y alto retorno. “Al fin y al cabo, ¿para qué iniciar un negocio si no es para hacer dinero a lo grande?”. La otra predica dedicarse a lo que uno ama. “Si no construís algo que te apasiona, ¿para qué hacer el esfuerzo?”.
En la primera escuela suelen estar los buscadores de oportunidades que sólo miden los resultados por el dinero que generan. El riesgo es que a largo plazo, estos emprendedores se sientan insatisfechos y enfrenten un vacío que –aun cuando les haya ido bien- el dinero no alcance a llenar.
En la segunda escuela suelen estar quienes buscan resultados cualitativos: independencia, el placer de hacer lo que les gusta, horarios flexibles o un futuro construido por ellos mismos. Pero muchos confunden un hobby con un negocio, y no llegan a generar el mínimo de dinero para sobrevivir.
El ideal está en alinear la pasión por lo que te gusta con una oportunidad en el mercado que te permita generar dinero para sostener un trabajo independiente, o para construir una empresa con potencial de crecimiento a largo plazo.